SONORA: Capítulo 3

Updated: Jun 9

A balas sordas, habitantes ciegos


Juan Pablo Fernández Monsalve

Maria Angélica Molina Martínez

Liz Dayan Blandón Muñoz

Manuela Araque Triviño


La vida pasaba tranquila en medio de las festividades, los días de trabajo y aquellos momentos de alegría donde todo era paz y tranquilidad para las familias del sector… hasta que llegó aquel aterrador e inolvidable 29 de marzo de 1990.


Colombia ha sido escenario de múltiples batallas libradas en favor de una lucha interna, en las que los grupos al margen de la ley, como en su momento lo fue las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y como aún lo sigue siendo el Ejército de Liberación Nacional (ELN); se han enfrentado en el territorio con la fuerza pública por el empoderamiento de tierras y rutas internas del mercado ilegal, desplazando así gran parte de la población de las cabeceras municipales; pero sobre todo, estos conflictos han generado que las zonas más afectadas por el desarrollo del combate, se encuentran en el campo, donde los actores armados convergen en algunas ocasiones muy cerca de la población, causando múltiples daños a sus habitantes.


“... La guerrilla apareció por acá en 1988, llegaron una noche uniformados. Se presentaron y dijeron que hacían parte del ELN, nos pidieron mantener la calma, dijeron que no nos iban a hacer daño, que iban a estar andando por ahí y que los íbamos a estar viendo, pero que aun así no nos preocupáramos. Ese mismo día mataron al inspector del pueblo, y a otro señor. Pasó como dos años y ellos de igual forma seguían andando por ahí.”... Manifiesta el señor Alberto.


Don Alberto comenta que al pasar los días, su accionar invadió la vida cotidiana de este corregimiento de Trujillo. La presencia del grupo se volvió algo habitual, a veces como autoridad de facto y otras como fuerza de ocupación. A la larga se puede decir que no se observaba alguna intención de hacer algún mal a la comunidad, la convivencia no se veía afectada o amedrentada por sus nuevos pobladores. Sin embargo, en ocasiones, a los habitantes se les intentaba seducir en el discurso público de sus ideales, pero al mismo tiempo, sometían amparados en el poder despótico de las armas, para pedirles favores tan simples como la compra de alimentos para el frente. Así es como lo conmemora don Alberto Ospina “...estuvieron por la zona, y andaban como si fueran del ejército, la gente se acostumbró a vivir así, más de un año iban y volvían”.


Pero en las sombras, allí, donde nadie logra ver, se estaba gestando un verdadero peligro. Desde 1988 se habían realizado una serie de protestas cívicas que algunos ya marcaban como actos insurgentes, y que en algún momento de la historia, recibirán respuesta.


Los guerrilleros a veces dejaban a personas en el pueblo vestidos de civil, quienes cumplían un papel como espías para alertar a aquel grupo sobre cualquier situación o acontecimiento inusual. Este factor brindó la oportunidad al ELN de tender una emboscada con objetivo militar el 29 de marzo del año 1990… pero también generó un daño colateral que quedaría grabado para la memoria.


Fue un episodio violento que tuvo como resultado el asesinato de 7 militares, de esta manera es como lo recuerda Alberto Ospina. “...El enfrentamiento duró alrededor de 5 horas y media, empezó desde la 1p.m. y finalizó a las 6:30p.m., se desarrollaba de una manera intermitente... causaron un gran temor en nosotros los habitantes. Los disparos se escuchaban, pero no se lograba ver muy bien el lugar del enfrentamiento, yo me encontraba encerrado en mi casa. Desde ese momento, algo dentro de mi decía que ese día iba a haber un cambio, quizás en mi propia vida. Pensar en que esto se había calentado y se iba a poner feo, fueron de las primeras ideas que pasaron por mi mente en ese instante”. Mientras afuera, civiles y soldados eran heridos o asesinados por las balas, aquellas que vuelan y matan, pero no escuchan.


Durante este tiempo y más arriba en la montaña, don Camilo Gómez se encontraba en su habitual trabajo cortando madera en compañía del señor Alejandro Ramírez, un conocido; desde aquel lugar en donde estaban, tampoco se veía el enfrentamiento, pero sí se escuchaban los disparos que realizaban los grupos. Por la lejanía del sonido, pensó que la situación era una recocha, ya que ellos hacían “polígono”, la mente, ignorante de lo que sucedía más abajo, les dio la tranquilidad de seguir en sus labores.


Para el final del día, Don Camilo comentó que el regreso fue un poco tedioso, “… Nosotros no pudimos bajar ese día, así que cuando lo pudimos hacer, tuvimos que bajar por otra parte, no por el camino de siempre”


Al día siguiente del enfrentamiento, La llegada del grupo de apoyo del Ejército, rompió el silencio, La Sonora ya habitaba entre un mar de preguntas, y solo quedaba esperar que depararía el futuro, aunque ellos sabían que el sentimiento de desolación sería un nuevo integrante en su diario vivir. Esa vez, un suboficial fue el único superviviente de los ataques al ejército; después de este afligido suceso, el ELN no estuvo más presente, su presencia se había convertido en un eclipse que había tapado una luz que los llevó a conocer la verdadera oscuridad.


Según el informe 68/16 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, fueron heridos 6 civiles, aún después de aclarar que eran obreros y campesinos, también fallecieron 7 militares, conforme al reporte del capitán de un grupo de apoyo, que llegó el 30 de marzo a la escena para investigar los hechos ocurridos.

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