Girasoles

Updated: Jun 15

Solo la miraba, era hermosa, el tiempo no pasaba, el viento en mi cara apenas se podía sentir, las voces en mi cabeza solo eran murmullos mientras la observaba. Era encantadora, combinada con ese vestido amarillo con flores espectacular, sentí que nunca volvería a ver nada igual. Mientras ella se bañaba en ese río y se mojaba los pies, yo no podía dejar de observarla; al mismo tiempo me odiaba por ser cobarde y no hablarle, ¡maldición! simplemente ve y dile hola, lo que venga después que sea lo tenga que ser, ¡Pero no!, estaba inmóvil, ella hacía movimientos extraños incluso se tiraba a mojarse el cuerpo completo, sacudía sus manos con fuerzas y gritaba: - ¡Auxilio! Comprendí que también estaba buscando ayuda en estos días tan lentos y sin sentido, incluso en su lugar de descanso gritaba auxilio pues su rutina la tenía demasiado sumergida. Eran agobiantes sus gritos, una mezcla de terror e impaciencia, como cuando te persigue un asesino y buscas la salvación en quien sea ¿Así sea yo? ¿Podría ser yo? ¡Qué va!

Soy tan cobarde que ignoraba el hecho de que le costaba respirar, su rutina se transformaba en el río furioso y le llegaba hasta los ojos, solo se veían sus manos chapalear como pez fuera del agua. Mientras tanto yo seguía pensando lo mismo, soy demasiado cobarde para ayudarle ¿Qué se supone que le diga después de que le salve la vida? Como continuar la conversación, que tal que me odie después de salvarla por haber tocado su cuerpo, como poder arriesgarme de esa manera. La seguí en su trayecto mientras se le agotaba la fuerza y ya casi anhelaba encontrarse con nuestra buena amiga, al llegar río abajo corrí apresuradamente a alcanzarla y revisar como estaba.

Que sensación tan hermosa, no puedo describir lo que sentí al tenerla en mis manos, su piel era tan suave y su cabello tan precioso, a lo mejor, la cabellera de Freya no era nada comparado con el de ella. Me volví a odiar por no ayudarla antes, pero ahora intente besarla, es decir, dar respiración boca a boca, aunque mis conocimientos era tan vagos que realmente solo disfrute sus labios, su piel estaba algo fría y busqué su pulso, no lo sentí en su cuello pero me acerque tanto como para descubrir cómo huele, ¡Río insensato¡ me arruinó la experiencia un poco, por esto, al no encontrar el latido de su corazón busque en sus pechos, tenía que asegurarme bastante bien de encontrarlo, quizás la ropa no permitía que yo lo sintiese. Al desvestirla sentí una tensión sexual entre ella y yo, ¡Increíble!, la sentí viva y dije: ¡Está a salvo! pero no, mi hermoso girasol continuo igual de fría como siempre, como cualquier otra mujer que había conocido, como cualquier otra mujer con la cual no tuve el valor de hablarle, solo que esta no tenía pulso.



Juan Sebastián Molina Morales

Redacción I

Comunicación Social - Periodismo

Universidad del Quindío


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