El lobo y los tres malparidos

Érase una vez, érase una vez, érase una vez...

- ¡Emilio, hijueputa! Otra vez averió la maldita grabadora, ahora como voy a tranquilizar a estos mocosos, ¡Ah, ya qué!

- Carlossssss ¿Qué pasa con la obra? ¿Por qué no está nada lista? - Grita Andrés-.

- Andresito, la hijueputa grabadora no funciona, se trabó.

- Pues gestione mijo, mire a ver como soluciona.

- Pero hermano, dígame, ¿Yo qué hago?

- Quítese de ahí, yo soluciono. Vaya saliendo para abrir el escenario.

- ¿Dónde está Fabio? Falta él.

- Ahí llego el marica ese.

- Andrés comience a organizar a esos niñitos pa´ su rol. Esos maricones son re inquietos.

- Pues mire a ver, todo hay que hacérselo. Ah, otra cosa ¿Ya están los otros niños en el escenario? Acuérdese que hay que tener todo preparado.

Niños, ¿Están listos para el espectáculo? ¡Sí!

La obra empieza, los niños que actúan de cerditos lo hacen de una buena manera, los que están de espectadores se divierten, pero llega un momento en el que todo se apagan y gritan: ¿Niñosss? ¿Quieren ver al lobito? ¡Aquí está el lobo! Los niños salieron corriendo despavoridos al ver la escena... Era un hombre desnudo, con orejas de lobo y una cola dentro del recto. Los otros tres hombrecitos rodearon a los niños, los ataron y amordazaron. A unos los tomaron para violarlos, otros para tráfico de órganos, también para trata de personas. En el teatro se oían los sollozos.

De repente Carlos empieza a ver borroso y a sudar. Andrés le toca el hombro, Carlos vuelve a la realidad y Andrés le dice: ¿Qué pasa viejo? todo va a salir muy bien.



Wendy Michel González Guerra

Redacción I

Comunicación Social- Periodismo

Universidad del Quindío.

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